El socio fantasma es una de las trampas de equity más habituales en startups tempranas. En la euforia de montar la empresa, todos se comprometen a estar dentro al cien por cien. Meses después, uno se ha ido descolgando: menos horas, menos responsabilidad sobre los resultados, otras obligaciones tirando de él. Su porcentaje no se ha movido. El tuyo ha empezado a parecerte injusto.
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Los niveles de aportación cambian, pero el equity cerrado al constituir no cambia solo. Renegociar un reparto fijo exige escritura, acuerdo de junta y una conversación difícil en la que una parte siente que le están pidiendo devolver algo. La mayoría de fundadores lo evita hasta que el desequilibrio amenaza a la empresa entera — y para entonces la relación ya está rota.
Por qué no puedes limitarte a arreglarlo después
Renegociar un reparto fijo exige escritura, acuerdo de junta y una conversación en la que se le pide a alguien que devuelva algo. La mayoría lo evita hasta que el desequilibrio amenaza a la empresa.
Los modelos de equity dinámico como Slicing Pie resuelven el problema del socio que no aporta de forma estructural. El equity se acumula según las aportaciones registradas. Un socio que deja de aportar simplemente deja de acumular. Su porcentaje no sube y, según los demás siguen sumando, su parte relativa baja sola. Sin renegociación. Equafy lo implementa de forma nativa, con un registro de aportaciones por miembro y cálculo automático que se actualiza en continuo.
Incluso con equity fijo, un calendario de vesting bien montado limita el daño. Si el socio que no aporta tiene participaciones sin consolidar, se pueden recuperar cuando salga. El cliff de doce meses es especialmente importante: quien deja de aportar en el mes tres y sale antes del cliff se marcha sin nada — que es el resultado correcto, dado que no cumplió con lo que se comprometió.
Los equipos que gestionan el equity de forma dinámica suelen fijar una revisión periódica —trimestral o semestral— donde se auditan los registros de aportación y se concilia la tabla. Es el momento de tener conversaciones directas sobre el nivel de implicación, antes de que se acumule el resentimiento. El histórico y el registro de aportaciones de Equafy hacen que esa revisión sea concreta: los datos ya están ahí, así que la conversación va de hechos y no de sensaciones.
Convierte la revisión en un ejercicio de datos
Los equipos con equity dinámico suelen conciliar cada trimestre o semestre. Con el registro de aportaciones y el histórico de Equafy, la conversación sobre implicación arranca de un dato que ambas partes ya habían aceptado.
Sin calendario de vesting ni acuerdo de equity dinámico, no puedes obligarle. Tendrías que renegociar o plantear una recompra, y ambas cosas requieren su colaboración. Prevenirlo con la estructura adecuada es muchísimo más eficaz.
Solo si existe una obligación concreta que incumpla. La Ley de Sociedades de Capital permite excluir al socio que incumple prestaciones accesorias, y esa es justamente la vía habitual: configurar la dedicación como prestación accesoria en los estatutos, de modo que dejar de aportar tenga una consecuencia societaria. Sin eso, la mera falta de implicación no basta.
Usar un modelo de equity dinámico desde el principio, para que el equity refleje siempre la aportación real, y añadir vesting encima para poder recuperar lo no consolidado si alguien se va. Equafy soporta ambos.
Muy mal. Un socio inactivo con un porcentaje grande es una señal de alarma en la due diligence: sugiere problemas de gobierno, conflictos potenciales y dilución sin creación de valor. Conviene resolverlo antes de levantar ronda.
El modelo de equity dinámico de Equafy garantiza que la propiedad refleje siempre el trabajo real — protegiendo a cada socio que sigue comprometido.
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